Perfil político
Alberto Núñez Feijóo
1961 - presente · Político, presidente del Partido Popular y líder de la oposición · España · Certeza alta
Alberto Núñez Feijóo (Os Peares, Ourense, 1961) preside el Partido Popular desde abril de 2022, cargo en el que fue reelegido con el 99,24 por ciento en el congreso de junio de 2025, y ejerce como líder de la oposición frente al gobierno de Pedro Sánchez. Antes gobernó la Xunta de Galicia entre 2009 y 2022 con cuatro mayorías absolutas consecutivas, un récord que construyó sobre gestión administrativa, disciplina presupuestaria y una imagen de moderación técnica. Ganó las generales de julio de 2023 con 137 escaños, pero fracasó en la investidura del 27 de septiembre (172 votos a favor frente a 178 en contra), y desde entonces su estrategia oscila entre cortejar al centro y disputarle a Vox el voto conservador. Su historial arrastra también episodios incómodos: las fotografías de 1995 con el contrabandista Marcial Dorado, publicadas en 2013, el sobrecoste del hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo y el bloqueo de la renovación del Consejo General del Poder Judicial hasta el acuerdo de junio de 2024.
¿Alberto Núñez Feijóo es de izquierda o derecha?
En lo social y territorial también pertenece a la derecha, aunque con un tono más pragmático que otros dirigentes conservadores. No ha hecho del aborto o del matrimonio igualitario una bandera de reversión, pero sí impulsa posiciones conservadoras en memoria histórica, identidad de género, inmigración y modelo de Estado. Defiende una idea firme de la unidad de España, rechaza la autodeterminación y se mueve en un marco unionista y europeísta. En autoridad institucional proyecta una imagen de orden y legalismo, aunque su partido ha practicado estrategias de bloqueo que tensan ese relato. La mejor síntesis es esta: Feijóo representa una derecha moderadamente conservadora, institucional y centralista, situada lejos de la izquierda y también algo apartada de la derecha más radical.
Posición por eje político
-100 / +100Alberto Núñez Feijóo se ubica en una derecha moderada por su defensa sostenida de la disciplina fiscal, la contención del gasto y políticas favorables a la empresa privada, visibles tanto en su etapa al frente de la Xunta de Galicia como en su liderazgo del PP. En Galicia combinó rebajas tributarias selectivas, apoyo a sectores empresariales y una gestión marcada por recortes y racionalización del sector público durante los años de austeridad, aunque intentó suavizar ese perfil con un discurso pragmático sobre servicios públicos. También respaldó reformas orientadas a la flexibilidad económica y a la estabilidad presupuestaria, alineándose con la tradición liberal-conservadora española más tecnocrática que ultraliberal. Su ubicación no es más extrema porque suele evitar programas de choque, acepta cierto papel redistributivo del Estado y ha moderado su lenguaje económico para ampliar su base, aunque esa moderación convive con críticas por deterioro de servicios públicos, promesas de gestión eficaz discutidas y una cercanía política a intereses empresariales que refuerza su sesgo hacia la derecha.
Alberto Núñez Feijóo se ubica como conservador moderado porque, al frente de la Xunta de Galicia y luego del Partido Popular, defendió una agenda social centrada en la familia tradicional, el orden institucional y una aproximación restrictiva frente a cambios culturales rápidos, aunque evitó el tono de confrontación moral más duro de otros sectores de la derecha. En temas como el aborto, la gestación subrogada o la educación sexual mantuvo posiciones clásicas del PP, y en campaña buscó acercarse a votantes centristas apoyando marcos legales ya asentados, como el matrimonio igualitario, más por cálculo político que por una trayectoria clara de impulso progresista. Su moderación también tiene límites visibles: pactó con un partido como Vox en gobiernos autonómicos y normalizó parte de su agenda cultural, pese a intentar preservar una imagen más institucional y menos estridente. Esa combinación de pragmatismo, conservadurismo social tradicional y ambigüedad ante la radicalización de sus aliados lo deja más cerca del polo conservador que del progresista.
Su perfil aquí es el de un institucionalista con hábitos de bloqueo. El PP bajo su mando mantuvo el veto a la renovación del Consejo General del Poder Judicial con la fórmula de que sin reforma no hay renovación, prolongando un órgano caducado hasta el acuerdo con el PSOE de junio de 2024, y defiende la Ley de Seguridad Ciudadana de 2015, la llamada ley mordaza, frente a los intentos de derogarla. Usó la mayoría del Senado como cámara de freno a la legislación del Gobierno y combatió la ley de amnistía del procés por todas las vías, incluidas las europeas. En Galicia impulsó en 2021 una reforma de la ley de salud que permitía imponer la vacunación, un precepto que el Tribunal Constitucional acabó anulando en 2024 porque los derechos fundamentales solo pueden restringirse por ley estatal. Lo que lo aleja del polo autoritario es su defensa explícita de la alternancia y del control parlamentario, y su acusación de junio de 2026 de que Sánchez practica un caudillismo no visto en España desde hace cincuenta años, reproche difícil de sostener mientras su propio partido asfixiaba la renovación del poder judicial.
Alberto Núñez Feijóo se ubica hacia el lado nacionalista por su defensa reiterada de la unidad territorial de España, su rechazo a los referendos de autodeterminación en Cataluña y su oposición a concesiones políticas al independentismo, una línea que mantuvo tanto en Galicia como al frente del Partido Popular. También ha combinado apoyo a la integración europea con un discurso de soberanía institucional, especialmente cuando reclama control de fronteras, firmeza frente a pactos con fuerzas secesionistas y prioridad para los intereses del Estado en materia territorial y fiscal. Aunque evita el tono identitario más duro de la derecha española y suele presentarse como gestor pragmático, ha endurecido su perfil nacional cuando le conviene electoralmente, usando la cuestión territorial como eje de confrontación con Pedro Sánchez. Esa moderación relativa lo aleja del nacionalismo excluyente, pero sus decisiones y mensajes lo sitúan con claridad en un nacionalismo español moderado, más centrado en la cohesión del Estado que en enfoques pluralistas o abiertamente globalistas.
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