Juan Manuel Santos fue presidente de Colombia (2010-2018) y Premio Nobel de la Paz 2016 por el acuerdo con las FARC. Exministro de Defensa de Uribe que rompió con su mentor para negociar la paz. Combinó políticas económicas de mercado con progresismo social.
Posición en el mapa político
Ubicación
Posición por eje político
Económico+25
Derecha moderado
IzquierdaDerecha
Santos mantuvo políticas económicas ortodoxas: promovió tratados de libre comercio, inversión extranjera, disciplina fiscal y reformas tributarias. Continuó la línea pro-mercado de la derecha colombiana, beneficiando al sector empresarial y minero-energético. Su gobierno priorizó la estabilidad macroeconómica, aunque la desigualdad y la pobreza rural persistieron como problemas estructurales que el modelo no resolvía.
Social-30
Progresista moderado
ProgresistaConservador
Santos hizo de la paz con las FARC su legado, negociando un acuerdo que le valió el Nobel pero que fue rechazado en el plebiscito, y lo implementó de todos modos con modificaciones. El Nobel premió la intención más que los resultados: años después, las disidencias de las FARC siguen operando, los líderes sociales siguen siendo asesinados y la restitución de tierras avanzó a paso glacial. Su giro de halcón a paloma fue pragmático, pero para muchos colombianos que lo eligieron por su dureza contra la insurgencia, fue una traición.
Autoridad-20
Centro
LibertarioAutoritario
Santos gobernó con corrección institucional y rompió con su mentor Uribe, demostrando independencia pero fragmentando la derecha colombiana. Su estilo fue technocrático y conciliador, a veces elitista y desconectado del sentir popular. La implementación del acuerdo de paz fue tan lenta y burocrática que los propios excombatientes desmovilizados perdieron fe en el proceso. Mientras negociaba en La Habana, la Colombia rural seguía sumida en violencia, coca y abandono estatal.
Nacionalismo-25
Globalista moderado
GlobalistaNacionalista
Santos fue un multilateralista convencido: fortaleció relaciones con Estados Unidos y Europa, buscó mediación internacional para el proceso de paz y posicionó a Colombia como líder regional moderado. Normalizó relaciones con Venezuela pese a tensiones. Su política exterior fue pragmática y orientada a la integración, en contraste con el unilateralismo confrontativo de Uribe. Promovió la adhesión de Colombia a la OCDE.
¿Juan Manuel Santos es de izquierda o derecha?
Juan Manuel Santos se ubica mayormente en el centro-derecha del espectro político colombiano, aunque con matices progresistas en lo social y tendencias moderadas en otros ejes. En lo económico, su gobierno mantuvo políticas ortodoxas y pro-mercado, promoviendo tratados de libre comercio, inversión extranjera y disciplina fiscal, lo que lo acerca a una postura de derecha moderada. Sin embargo, en el plano social mostró un giro hacia posiciones más progresistas al impulsar un acuerdo de paz con las FARC, buscando la reconciliación nacional, aunque su implementación fue limitada y generó críticas tanto desde la derecha como desde sectores más radicales de izquierda.
En cuanto a la autoridad, Santos adoptó un estilo tecnocrático y conciliador, con una gestión institucional que rompió con el autoritarismo de su antecesor, pero que a veces resultó desconectada del sentir popular. Su política exterior se caracterizó por un globalismo pragmático y multilateralista, alejándose del nacionalismo confrontativo. En conjunto, Santos no puede clasificarse como un líder de izquierda tradicional, sino como un político de centro-derecha que incorporó elementos progresistas en su agenda social y de paz, buscando modernizar y estabilizar Colombia dentro de un marco económico liberal y un enfoque institucional moderado.
Políticas y acciones clave
Como ministro de Defensa (2006-2009) y presidente de Colombia (2010-2018), Juan Manuel Santos implementó medidas que definieron su carrera. En Defensa supervisó operaciones como Operación Jaque (2008) y consolidó la presión militar contra las guerrillas antes de romper políticamente con Álvaro Uribe para negociar la paz. En lo económico mantuvo disciplina fiscal, promovió inversión extranjera y aprobó reformas tributarias clave, entre ellas la Reforma Tributaria de 2012 (Ley 1607 de 2012), y apoyó tratados de libre comercio, como el Tratado con Estados Unidos (2012) y la aplicación provisional del Acuerdo con la Unión Europea (2013). Su gobierno impulsó infraestructura a través del programa de concesiones 4G y los Planes Nacionales de Desarrollo. La firma del Acuerdo Final con las FARC, rubricado en Cartagena el 24 de noviembre de 2016, le valió el Premio Nobel de la Paz 2016; el pacto fue rechazado en el plebiscito del 2 de octubre de 2016 y luego fue modificado y aprobado por el Congreso, decisión que generó críticas por contradecir el referendo. La Ley 1448 de 2011 sobre víctimas y restitución de tierras quedó como otra norma central cuya implementación fue lenta.
Legado e influencia política
El legado de Juan Manuel Santos combina un cambio institucional duradero con consecuencias políticas ambivalentes. En lo institucional dejó la arquitectura del posconflicto: el Acuerdo Final y los mecanismos de justicia transicional, incluida la Jurisdicción Especial para la Paz, que reconfiguraron marcos legales y debates sobre impunidad y verdad. Internacionalmente revaloró el papel de Colombia como actor multilateral, avanzó en adhesiones comerciales y promovió la aspiración de ingreso a la OCDE, además de consolidar vinculación con Estados Unidos y la Unión Europea. En lo político desató fragmentación de la derecha: la ruptura con Álvaro Uribe alimentó la creación del Centro Democrático y facilitó la candidatura de Iván Duque, expresión del reflujo frente a la agenda de paz. El reconocimiento con el Premio Nobel 2016 realzó su perfil, pero la persistencia de disidencias de las FARC, los asesinatos de líderes sociales y la lenta restitución de tierras muestran límites prácticos de su gestión. Su combinación de ortodoxia económica y apertura internacional influyó en sucesivos gobiernos y en sectores empresariales y académicos, mientras críticos le imputan elitismo, implementación burocrática insuficiente y resultados incompletos en la seguridad rural.