Alan García

Alan García

1949 - 2019

Presidente de Perú

Perú

Conservadurismo Derecha Autoritaria Alta certeza

Alan García fue dos veces presidente de Perú (1985-1990, 2006-2011). Su primer gobierno fue catastrófico: hiperinflación del 7,000%, colapso económico y la masacre de los penales. Su segundo mandato fue neoliberal y promovió el crecimiento, pero se suicidó en 2019 cuando iba a ser arrestado por el caso Odebrecht.

Posición en el mapa político

Ubicación

Posición por eje político

Económico +15
Centro
Izquierda Derecha

García tuvo dos presidencias económicamente opuestas. La primera (1985-1990) fue un desastre: limitó el pago de deuda al 10% de exportaciones, nacionalizó la banca y generó una hiperinflación del 7,000% que destruyó los ahorros de millones. La segunda (2006-2011) fue neoliberal: promovió inversión minera, TLCs y crecimiento del PIB. Su artículo "El síndrome del perro del hortelano" atacaba a comunidades que se oponían a la minería en sus tierras. Murió señalado por corrupción con Odebrecht.

Social +10
Centro
Progresista Conservador

García lideró el APRA, un partido histórico de centroizquierda convertido en maquinaria electoral sin ideología clara. En su primer gobierno ordenó la masacre de los penales (1986) donde murieron cientos de presos acusados de terrorismo, muchos tras rendirse. Su segundo gobierno reprimió protestas indígenas en Bagua (2009) con muertos. García era carismático, culto y orador brillante, pero su legado está manchado por sangre y corrupción. Se suicidó para evitar ser arrestado.

Autoridad +35
Autoritario moderado
Libertario Autoritario

García gobernó con estilo caudillista y personalista. Su primer gobierno fue caótico: la masacre de los penales, el intento de nacionalización bancaria y el colapso económico mostraron incompetencia y autoritarismo. Su segundo gobierno fue más institucional pero igualmente corrupto: la red Odebrecht penetró hasta el corazón del poder. Su suicidio en 2019, cuando la policía llegó a arrestarlo, fue el último acto dramático de un político que siempre priorizó su imagen sobre las instituciones.

Nacionalismo +25
Nacionalista moderado
Globalista Nacionalista

El primer García fue nacionalista y tercermundista, desafiando al FMI y buscando liderazgo en el Movimiento de No Alineados. El segundo García fue lo opuesto: firmó TLCs con Estados Unidos y China, promovió la inversión extranjera y cortejó al capital internacional. Su posición en este eje refleja una media entre ambos períodos. García nunca tuvo una convicción nacionalista o globalista genuina; adoptaba la posición que maximizara su poder en cada momento.

¿Alan García es de izquierda o derecha?

Alan García no puede ser clasificado de manera tajante como de izquierda o derecha, dado que su trayectoria política mostró una marcada oscilación entre posiciones contrapuestas. En su primer mandato, adoptó medidas propias de la izquierda populista y nacionalista, como la nacionalización de la banca, el rechazo al pago completo de la deuda externa y un discurso tercermundista, que derivaron en una crisis económica severa. Sin embargo, su segundo gobierno fue decididamente neoliberal: promovió tratados de libre comercio, fomentó la inversión extranjera y defendió la minería como motor de crecimiento, alineándose con políticas económicas de derecha.

En lo social y en la autoridad, García se mantuvo en un centro moderado con rasgos autoritarios, evidenciado en su respuesta represiva a protestas y movimientos sociales, y en episodios como la masacre de los penales y la represión en Bagua. Su liderazgo caudillista y su personalismo marcaron una gestión por momentos arbitraria y corrupta, lo que complica ubicarlo en un esquema ideológico clásico. En conjunto, García fue un político pragmático que osciló entre izquierda y derecha según conveniencias de poder, más que un ideólogo comprometido con un bloque político claro. Su perfil corresponde a un centro político con matices autoritarios y nacionalistas fluctuantes.

Políticas y acciones clave

Durante sus dos presidencias (1985-1990; 2006-2011) Alan García alternó políticas de signo opuesto que marcaron su carrera. En su primer mandato aplicó una heterodoxia económica que incluyó la moratoria de facto sobre la deuda externa, limitando el servicio de la deuda al 10% de las exportaciones, controles cambiarios y la intervención de entidades financieras, medidas que precipitaron hiperinflación (cerca de 7 000%) y el colapso de ahorros y producción. En 1986 ordenó la represión en los penales de El Frontón, Lurigancho y Santa Bárbara, episodio juzgado por violaciones masivas de derechos humanos. En su segundo gobierno promovió la apertura comercial y la inversión minera, impulsó la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (firmado en 2006, en vigor desde 2009) y administró concesiones mineras con énfasis en crecimiento del PIB. Su gestión de conflictos sociales incluyó la intervención policial en Bagua (2009), con saldo mortal. Finalmente su carrera quedó empañada por investigaciones de la constructora Odebrecht; la policía llegó a detenerlo el 17 de abril de 2019 y García se suicidó poco antes de ser arrestado.

Legado e influencia política

El legado de Alan García es ambivalente y dejó huella en partidos, políticas públicas e instituciones peruanas. Al frente del APRA convirtió la organización en una maquinaria electoral pragmática, debilitando su perfil ideológico y dejando cuadros que orientaron al partido hacia alianzas de centro y centro-derecha. La segunda presidencia impulsó un modelo extractivista basado en minería y tratados de libre comercio, notablemente el TLC con Estados Unidos (2006, vigencia 2009) y la apertura hacia China (2009), que estimuló inversión pero agravó conflictos socioambientales. Los episodios de 1986 en los penales (El Frontón, Lurigancho, Santa Bárbara) y la represión en Bagua (2009) marcaron debates sobre derechos humanos y control policial que perduran en agendas de reforma. El escándalo Odebrecht y su muerte en abril de 2019 aceleraron investigaciones judiciales, fortalecieron a la Fiscalía de la Nación y alimentaron reformas en contratación pública y transparencia. Su estilo personalista y capacidad oratoria influyeron en caudillismos posteriores y en sectores empresariales proinversión, mientras movimientos sociales y organizaciones de derechos humanos usan su legado para exigir mayor rendición de cuentas.

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