Perfil político
Luisa González
1977 - presente · Abogada, excandidata presidencial y candidata a la prefectura de Manabí · Ecuador · Certeza alta
Luisa González, abogada nacida en Quito y criada en Canuto, en Manabí, se convirtió en la carta presidencial del correísmo tras casi una década de cargos con Rafael Correa: ministra encargada de Turismo y de Trabajo, secretaria nacional de la Administración Pública y cónsul general en Madrid. Perdió dos balotajes seguidos ante Daniel Noboa, en octubre de 2023 con 48,17% y en abril de 2025 con 44,37%, y tras esa segunda derrota se negó a reconocer el resultado alegando un fraude que nunca sustentó, que las misiones de la Unión Europea y la OEA descartaron y que desautorizaron en público los pesos pesados de su propio movimiento. Presidió Revolución Ciudadana entre noviembre de 2023 y la convención de Manta de enero de 2026, donde no buscó la reelección y entregó el mando a Gabriela Rivadeneira, quedándose con la Secretaría de Asuntos Internacionales. En 2026 replegó su carrera al territorio y aspira a la prefectura de Manabí en las seccionales de ese año: pasó por el Movimiento AMIGO y terminó inscribiendo su candidatura con el auspicio de movimientos provinciales y de Pachakutik, el brazo político del movimiento indígena que fue uno de los adversarios más constantes del correísmo.
¿Luisa González es de izquierda o derecha?
Pero esa identidad de izquierda convive con posiciones que la vuelven más híbrida. En temas sociales se ha mostrado conservadora, se declaró provida y votó contra la regulación del aborto por violación, lo que la aleja del progresismo feminista. En materia institucional también arrastra la marca del correísmo: reivindica a Rafael Correa, relativiza su condena y ha respaldado un estilo de poder con fuerte concentración estatal y mala relación con los contrapesos. Aunque rechazó excesos de Daniel Noboa, como los estados de excepción permanentes y el asalto a la embajada de México, su reflejo político sigue siendo el de un Estado fuerte. La síntesis es clara: González pertenece a la izquierda ecuatoriana, pero a una izquierda conservadora en valores y con pulsión autoritaria.
Posición por eje político
-100 / +100Su programa de 2025 fue una restauración explícita del modelo correísta: recuperar bonos y subsidios, reabrir ministerios cerrados por el ajuste y echar mano de reservas internacionales para reactivar obra pública y crédito. Al mismo tiempo blindó la dolarización como línea roja y buscó calmar al empresariado, marcando distancia de las propuestas monetarias más aventuradas de su propio entorno. La objeción de fondo es que el modelo que promete reponer se financió con un superciclo petrolero que ya no existe, y que dejó deuda con China y ventas anticipadas de crudo que siguen hipotecando el presupuesto. Tampoco ha hecho cuentas con el reverso de esa década: los casos Sobornos y Odebrecht documentaron una red de aportes irregulares y coimas alrededor de la misma obra pública que ella propone reactivar. Su respaldo a la explotación petrolera del Yasuní, defendida como fuente de recursos para educación y salud, chocó además con el referéndum de 2023 en que los ecuatorianos votaron por dejar ese crudo bajo tierra, una incomodidad para un movimiento que se reclama ecologista.
Como asambleísta por Manabí entre 2021 y 2023 votó en contra de la ley que regulaba el aborto en casos de violación, pese a que el mandato venía de una sentencia de la Corte Constitucional, y se define provida. También presentó observaciones al proyecto de Ley Orgánica de Higiene y Salud Menstrual, y en campaña apeló con naturalidad a su fe cristiana ante un electorado costeño cada vez más evangélico. Ese conservadurismo convive con la marca progresista del correísmo, que defiende la educación laica, la paridad y los derechos laborales e indígenas, y con su propia narrativa de aspirar a ser la primera mujer presidenta del Ecuador. La contradicción no es menor: colectivos feministas de izquierda le reprocharon en las dos campañas que su discurso de derechos se detenga justo donde empieza el cuerpo de las mujeres.
Su reacción al balotaje de abril de 2025 fue el episodio más revelador: desconoció la derrota y denunció un fraude que nunca sustentó, que las misiones de observación de la Unión Europea y la OEA rechazaron de plano y que desautorizaron en público el alcalde de Guayaquil, Aquiles Álvarez, y los prefectos de Manabí, Guayas y Pichincha, todos de su propio movimiento. Reivindica a Correa como perseguido político y llama lawfare a su condena por cohecho, defendiendo un modelo que en la práctica concentró poder en la presidencia, copó los organismos de control y hostigó a la prensa con la ley de comunicación de 2013. En sentido contrario, se opuso a los estados de excepción encadenados de Noboa, condenó el asalto a la embajada de México en Quito en abril de 2024 y militó por el No en el referéndum del 16 de noviembre de 2025, en el que las cuatro preguntas del gobierno, incluida la constituyente, fueron derrotadas. Ahí también asomó el cálculo: mientras su movimiento pedía enterrar la Asamblea Constituyente, ella dejaba ver su interés en ser candidata a constituyente si la papeleta ganaba. Su plan de seguridad Protege apostó por prevención y reinserción antes que por mano dura, lo que la separa del punitivismo regional aunque no de la vocación correísta de un Estado fuerte y poco fiscalizado.
Su eje internacional es soberanista y antiintervencionista: prometió tratar a Estados Unidos como a cualquier otro país, insistió en la autodeterminación frente a las condicionalidades del FMI y militó por el No a las bases militares extranjeras en el referéndum del 16 de noviembre de 2025, pregunta que el gobierno perdió por más de veinte puntos. Es un nacionalismo de raíz antiimperialista y no nativista: defiende la integración latinoamericana, no hace campaña contra la migración venezolana y desde enero de 2026 maneja la Secretaría de Asuntos Internacionales de Revolución Ciudadana. Esa cercanía regional le ha costado caro: en septiembre de 2023 afirmó que Venezuela tenía mejores condiciones de vida que Ecuador y al día siguiente tuvo que matizar que hablaba de supervivencia física, un desliz que sus rivales explotaron en las dos campañas. La misma red de afinidades reapareció en abril de 2026, cuando volvió al país tras una gira internacional y tuvo que descartar en público un posible asilo en México. Defender la soberanía nacional mientras se abraza a gobiernos cuestionados en la región por derechos humanos es la tensión que nunca terminó de resolver.
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